La violencia económica alrededor del mundo

La violencia de género económica ha sido estudiada en distintos países, desde aquellos con un estado del bienestar bien desarrollado a otros donde éste es inexistente. En este post, vamos a examinar estudios de Suecia, Nueva Zelanda y Ghana, que representan diferentes continentes.

Suecia

El estudio de Suecia, llevado a cabo por Erikson and Ulmestig (2017), incluye 19 entrevistas en profundidad realizadas a mujeres que sufrieron violencia de género por parte de su ex-pareja, la mayoría de las cuales tenían hijos y venían de un entorno de clase trabajadora.

Aunque el alcance del estudio es limitado por el número de entrevistas, los relatos de las mujeres eran consistentes y  asociaban este abuso con otras formas de violencia de género, relacionados con un patrón repetitivo de mujeres controlando y limitando la capacidad de las mujeres de adquirir, usar o mantener los recursos económicos (Adams et al., 2008), lo cual tiene efectos a largo plazo tales como la pobreza, mala salud y dependencia para ella y sus hijos (Branigan, 2004).  Además, el fin de la relación muy pocas veces tenía como consecuencia el fin del abuso económico o sus consecuencias, sino que este continuaba, algo que también ha sido observado por otros investigadores anteriormente (Branigan, 2004; Postmus et al., 2012; Stylianou et al., 2013; Green, 2014).

En este sentido, hay que recalcar que en ocasiones, las practicas institucionales y los procedimientos administrativos reflejan y apoyan la perpetuación de la violencia económica, aunque sea de forma inconsciente (Branigan, 2004; Eriksson and Ulmestig, 2016; Laakso and Drevdahl, 2006).

Nueva Zelanda

El segundo estudio que analizaremos se llevó a cabo en Aotearoa (New Zealand), donde la Ley de Violencia Doméstica (Domestic Violence Act 1995, DVA) ha extendido la definición legal de “relación” para incluir a los miembros de la unidad familiar y relaciones personales íntimas, así como la definición de las conductas consideradas abusivas bajo la categoría general de abuso psicológico, describiendo este como “la denegación o limitación del acceso a los recursos financieros, o la obstaculización o restricción de las oportunidades de empleo o acceso a la educación”.

En este estudio, se realizó una encuesta que fue respondida por 441 mujeres, incluyendo entre ellas casos de personas que se identificaban como mujeres, es decir, mujeres trans, personas intersex y no binarias. Entre los resultados, hay que destacar que la violencia económica seguía patrones de estereotipos de género y opresión, legitimados por ideas de superioridad masculina (Peralta and Tuttle, 2013). Esto llevaba a reforzar la adjudicación de los recursos económicos a las actividades o compras de los hombres, de los que a su vez se esperaba que tuvieran la responsabilidad de las necesidades del hogar y la toma de decisiones, mientras que se devaluaban las actividades y necesidades de las mujeres al ser consideradas un “derroche”. Además, el estudio mostró que las mujeres habían desarrollado un Amplio abanico de estrategias económicas, bajo condiciones de presión financiera extrema y marginalización.

Ghana:

En el caso de Ghana, vamos a revisar el estudio  de Sedziafa, Tenkorang, and Owusu (2016), que recogió la experiencia de 18 mujeres sobre violencia económica por parte de sus parejas, en la región este del país, usando entrevistas en profundidad cualitativas. Aunque el abuso económico está mencionado de forma especifica en la Ley de Violencia Doméstica de Ghana (Ghana’s Domestic Violence Act, 2007),  como aquella que depriva o amenaza los recursos económicos o financieros a los que tienen derecho por ley,  raramente es castigada por las leyes civiles del país (Cantalupo, Martin, Pak, and Shin, 2006).

No hay muchos estudios en relación con la prevalencia de la Violencia de Género en Ghana, y los factores que la condicionan, pero según la Unidad de Violencia Doméstica y Apoyo a las Víctimas (Domestic Violence and Victims Support Unit), el abuso económico podría ser un tipo común de violencia. Es interesante remarcar que los resultados revelaron diferencias entre las mujeres que venían de grupos matrilineales o patrilineales, aunque los problemas  relacioinados con desigualdad de género, patriarcado y dependencia económica estaban ampliamente extendidos en ambos. Así, las mujeres que venían de grupos patrilineales sufrían un abuso económico más severo, acompañado por violencia física, emocional y sexual; mientras que las mujeres que venían de grupos matrilineales, con acceso a recursos económicos tales como tierras, sufrían una violencia económica menos severa.  Esto está en linea con el supuesto de que los recursos económicos de las mujeres  reducen de forma sustancial la habilidad de los abusadores de controlarlas, a la vez que aumenta las posibilidades de las víctimas de escapar de la violencia, como ha sido también  planteado por autores de otros países como Sanders (2015).


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